Milpa maya: herencia viva que florece en Kantunil con niñas, niños y saberes ancestrales

En medio de la tierra fértil del oriente yucateco, un grupo de ocho familias impulsa la milpa maya como modelo de vida, educación, sustentabilidad y arraigo cultural. Bajo el nombre de “Maíz Criollo Kantunil”, estas familias siembran, conservan semillas nativas y comparten sus saberes con niñas, niños y estudiantes a través de talleres, visitas guiadas y actividades comunitarias.

Más que un sistema de cultivo ancestral, la milpa representa una red de vínculos sociales, conocimiento intergeneracional y respeto profundo por la tierra. En Kantunil, cada familia trabaja a su ritmo en dos milpas y seis huertos agroecológicos, sembrando maíces criollos como palomeros y gallitos, sin fertilizantes químicos y con insumos totalmente orgánicos.

Durante el Mercado Agroecológico organizado por el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), la señora Glendy Eugenia Herrera Valle, integrante del colectivo, explicó que la iniciativa surgió en 2019 con el impulso de Edgar Miranda Gamboa, con el objetivo de rescatar y compartir semillas criollas, así como fortalecer el uso de prácticas sustentables en el campo.

“Lo que tú vendes es tu ganancia; lo que buscamos en esta red es conservar nuestras semillas, compartirlas, producirlas y regresarlas”, expresó Herrera Valle.

El grupo vende sus productos en el mercadito agroecológico de Kantunil y desde sus propios hogares durante la semana. Además, abren las puertas de sus milpas a las nuevas generaciones, promoviendo el conocimiento ancestral desde la experiencia directa.

La milpa maya, destaca la experta Silvia Terán y Contreras, presidenta de la Red Académica de la Milpa Maya Peninsular, enfrenta retos importantes como la disminución de cobertura vegetal y la falta de transmisión del conocimiento a los más jóvenes. Sin embargo, continúa siendo una de las dietas más nutritivas del mundo:

“La dieta de la milpa cubre todos los nutrientes esenciales. Por eso los mayas fueron una gran civilización: comieron maíz, frijol, calabaza, chile y tomate. Allí están los carbohidratos, proteínas, grasas, minerales y vitaminas”, señaló Terán.

Por su parte, la investigadora Paulina Martínez Isidro añadió que la milpa no es solo producción, sino educación, amor por la naturaleza y una cosmovisión viva:

“La tierra no es solo un recurso: está viva, y el conocimiento que se transmite la convierte en un valor profundo para la comunidad”, afirmó.

Con esa convicción, el grupo también organiza el Verano Agroecológico, que en 2024 reunió a más de 50 niñas y niños en actividades de reforestación, siembra, visitas a meliponarios y talleres sobre flora y fauna. En agosto próximo, se realizará una nueva edición dirigida a infancias de 6 a 12 años.

“Queremos sembrar en ellos la idea de que es posible actuar en favor del medioambiente”, expresó Gelsy Guadalupe García Ceh, también integrante del colectivo.

El proyecto Maíz Criollo Kantunil colabora con instituciones como la UADY y la Universidad Benito Juárez de Yaxcabá, recibiendo estudiantes en prácticas, al mismo tiempo que participa en redes como Ecos, impulsada por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), que busca construir políticas públicas desde la voz de las comunidades.

Además, el Centro Estatal de Capacitación, Investigación y Difusión Humanística de Yucatán (Cecidhy) ha convocado a la próxima Feria de la Milpa y la Chaya, que se celebrará este 27 de junio a las 10:00 h en Izamal (calle 31 #241 entre 22 y 24). La entrada será libre.

Así, entre semillas, cantos de infancia y maíces nativos, la milpa renace como un símbolo del Renacimiento Maya, una esperanza arraigada en el suelo yucateco.


Contacto directo:
Facebook: Maíz Criollo Kantunil
Teléfono: 999 442 8130 (Edgar Miranda)

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